Vampirismo Clinico

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Vampirismo Clinico

Mensaje por resurie el Dom Nov 30, 2008 2:29 pm

Mitos o Ignorancia

Lo creen o no, hay sustento en la ciencia para lo que llamos "vampiros", demostrando que todas aquellas leyendas sobre ellas no nacieron de la nada.

La porfiria eritropoyética congénita es una enfermedad hereditaria de la cual hay diagnosticados alrededor de 250 casos en todo el mundo y su bien merecido sobrenombre (vampirismo clínico) ha impulsado a los más curiosos médicos a indagar sobre dicha patología de la cual a día de hoy se conoce todo. La causa de su aparición es una errata en el metabolismo de las porfirinas, pigmentos precursores de la hemoglobina que se encargan de transportar el oxígeno a través de la sangre y le imprimen a la misma su característico color rojo. Un defecto en el ADN es el responsable de una notoria alteración en la actividad enzimática, encargada de producir las porfirinas, incrementando y acelerando su velocidad de formación y produciendo una acumulación saturante de las mismas con lo que obtenemos los siguientes síntomas:

Hipersensibilidad a la radiación solar:

El excesivo depósito de porfirinas en la piel sería el responsable de la por todos conocida característica de los vampiros, ya que provoca una hipersensibilidad a ciertas radiaciones del espectro solar, el cual desencadena un proceso de producción de peróxidos que al liberar oxígeno en los tejidos produce la necrosis o destrucción de los mismos, dando lugar así a las quemaduras en la piel (con su correspondiente formación de ampollas que al cicatrizar con dificultad dejan evidentes marcas y malformaciones de la fisonomía cutánea), enrojecimiento de las conjuntivas de ambos ojos, y agrietamiento o sangrado espontáneo a nivel de la dermis.

Apariencia vampírica:

Fácilmente demostrable dado que en dichos pacientes, cuando no reciben tratamiento, las lesiones faciales causadas por la radiación solar, por su naturaleza infectiva y reincidente, se vuelven mutilantes destruyendo así los labios en primer lugar (que dejan los dientes al descubierto confiriéndoles a estos un mayor tamaño del normal) y los cartílagos después (dejando ligeramente a la vista las fosas nasales y en el caso de los auriculares, otorgando eventualmente una apariencia de orejas maltrechamente puntiagudas o afiladas).

Por otra parte, la refinada y mortecina palidez viene dada a causa de la anemia hemolítica que produce la errónea producción de hemoglobina en el paciente porfírico. El tratamiento habitual son las transfusiones de sangre o del grupo Hemo (estructura central en la molécula de Hemoglobina). Esto explicaría el hecho de que antiguamente se recetara a tales enfermos enormes ingestas de sangre humana o animal (aunque mucha sangre habría que ingerir para que se absorbiera una pequeña porción del grupo Hemo).

Las transfusiones de sangre o la excesiva ingesta de la misma, mejoraban sobremanera el estado del paciente en cortos periodos de tiempo. A esta singular y súbita recuperación del porfírico se le atribuyó el nombre de “Regeneración vampírica”.

Incremento eventual de la fuerza:

El tétanos y la rabia, patologías bastante frecuentes a lo largo de toda la Edad Media, son características por provocar espontáneos impulsos quimioeléctricos de una forma tan seguida que causan una sobre-estimulación en la unión neuromuscular provocando así que el músculo se contraiga o se elongue de forma cataléptica (tetania) durante determinados periodos de tiempo, haciendo prácticamente imposible que recupere su posición original independientemente de la carga a la que se le someta.

Repulsión hacia el ajo:

El ajo, a nivel clínico es un inhibidor parcial de la cascada de la coagulación sanguínea ya que impide la agregación plaquetaria en un tejido lesionado, por otra parte, el grupo Hemo que forma parte del citocromo P-450, en ocasiones es destruido por un componente del ajo, el alquildisulfuro. De ahí el hecho de que el ajo o su simple olor, agravase el estado o la sintomatología de los pacientes con porfiria eritropoyética, retardando de forma más que perceptible las lesiones infectadas que les causaba la luz solar.

Sin más preámbulos y para ir dándole un cierre a esta mi personal desmitificación de la figura del vampiro, añadir simplemente que de ahora en adelante, la luz de la medicina también daña a estos míticos chupasangres.


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